Historia

Los Primeros Pobladores en Santa Cruz de Juventino Rosas

Es preciso aclarar que, el actual estado de Guanajuato, en la época prehispánica era casi paso obligado para los grupos nómadas que transitaban, en busca de mejores condiciones de vida, de Aridoamérica a Mesoamérica; y que, genéricamente eran conocidos por los mesoamericanos con una cultura superior, como chichimecas, vocablo náhuatl que significa “Linaje de perros”. Sin embargo, si se les llamaba chichimecas porque eran grupos bárbaros, sin barniz cultural y cazadores y recolectores, es decir, no civilizados; todos los pueblos mesoamericanos también fueron chichimecas, pues antes de habitar en esta zona geográfica, en donde se civilizaron y se culturizaron, todos provenían del norte, de Aridoamérica, en estado nómada e incivilizado.
Por otro lado, también es preciso señalar que, al final del período postclásico, a un determinado grupo de diferentes bandas nómadas se les conoció más concretamente como chichimecas.

Cuando llegaron los españoles al actual territorio mexicano, en 1517, en lo que ahora es Guanajuato, si bien los llamados chichimecas merodeaban por las diferentes regiones del estado, las principales etnias se distribuían de la siguiente manera: en el norte, en las regiones conocidas como la Sierra Gorda y parte de Los Altos, los chichimecas, nombre genérico que se les daba a chimalhuacanos, pames, guamares, copuces, guaxabanes, cazcanes, guachichiles, serranos y jonaces; en el sur, en parte de la región conocida como los Valles Abajeños, al sur del río Lerma, los purépechas o tarascos; y, en el centro, en las regiones de parte de Los Altos, la Sierra Central, el Bajío y parte de los Valles Abajeños, región conocida en ese entonces como Mo-o-ti, palabra otomí que significa “Lugar de metales”, los otomíes o ñahñúes.

A pesar de que algunos investigadores opinan que, los chichimecas fueron los primeros pobladores en el ahora municipio de Santa Cruz de Juventino Rosas y que, posteriormente llegaron los otomíes; justo es aclarar que, no es de dudarse que grupos chichimecas hayan cruzado por este territorio en los diferentes períodos u horizontes históricos, en busca de mejores condiciones de vida, provenientes del norte, de Aridoamérica, en su paso hacia el altiplano central. Asimismo, bueno es recordar que los mesoamericanos llamaban chichimecas a todas las etnias nómadas que venían de Aridoamérica, en estado bárbaro, incluyendo a los otomíes y que algunos historiadores contemporáneos siguen considerando a los otomíes como chichimecas.

Sin embargo, lo más probable es que, el primer grupo étnico que llegó al lugar que se llamaría Santa Cruz de Comontuoso, actualmente Santa Cruz de Juventino Rosas, en parte de la región conocida como Mo-o-ti, entre la Sierra Central y el Bajío, en Aridoamérica, aunque cercano a la frontera con Mesoamérica, fue el otomí o ñahñú; es difícil precisar la fecha, pero tal hecho tuvo que acontecer en el período u horizonte postclásico, entre los siglos XIII y XVI. Si bien, como se mencionaba, en esta época, y aún en anteriores, diferentes grupos nómadas, entre ellos los chichimecas, es posible que hayan cruzado por territorio santacrucense, en su peregrinar a Mesoamérica, lo cierto es que, los otomíes fueron los primeros en establecerse en el lugar en forma sedentaria.

Los otomíes o ñahñúes, son indígenas que en la actualidad habitan principalmente en el centro de Hidalgo, al noroeste del Estado de México y en pequeñas zonas de Guanajuato, Querétaro, Michoacán, Morelos, Puebla, Tlaxcala y Veracruz. Su lengua forma parte del grupo otomangue. Los otomíes se establecieron en el período u horizonte clásico en el noroeste del valle de México, principalmente en Xaltocán e Ixtapalapa; procedían al parecer de Tula, y es posible que, hayan dominado un territorio mayor al que ocupaban a la llegada de los españoles. Durante el siglo XIII, el imperio de Xaltocán alcanzó su apogeo. Texcoco fue habitada primeramente por otomíes, sus fundadores. Algunos grupos otomíes, se sometieron a un amplio mestizaje en los valles del altiplano central, mientras que otros se establecieron en las entidades señaladas. Los otomíes rechazan que se les adjudique dicho nombre, que significa “Flechadores de pájaros” o “Agresivos”, y prefieren llamarse ñahñúes, que quiere decir “Gente de aquí”. Sus principales deidades eran: Yoxippa, dios creador y protector; Dahtzu-me y Na-ndoe-hta, madre y padre viejos; Dche-hmuhke, dios del agua y de los sembradíos; Hiadi, dios del sol, dador del fuego y de la vida; Eday, dios del viento, de la fuerza y de la milpa; y, Na-ztzibi, dios del fuego hogareño.

En el ahora municipio de Santa Cruz de Juventino Rosas, los otomíes o ñahñúes se establecieron en las mediaciones de El Naranjillo y El Rinconcillo y también en la planicie; en los primeros dos lugares, todavía se encuentran restos arqueológicos de sus edificaciones con marcado estilo tolteca, influencia dominante de la época, pese al saqueo del que han sido objeto.

Los primeros asentamientos coloniales Santacrucenses

Después de la conquista, paso a paso, se fueron fundando las primeros centros poblacionales, cercanos a lo que posteriormente sería Santa Cruz de Comontuoso; en 1540, Salamanca; en 1542, San Miguel el Grande, ahora Allende y Chamacuero, actual Comonfort; en 1547, Irapuato; en 1552, el capitán Juan de Jaso, a las órdenes de Hernán Pérez de Bocanegra, descubrió las vetas mineras de Cuanaxhuato, así en 1554 se funda el Real de Minas y Santa Fe de Guanajuato, hoy Guanajuato; y, en 1571, Nuestra Señora de la Purísima Concepción de Zalaya, ahora Celaya.

Los terrenos que hoy ocupa el municipio de Santa Cruz de Juventino Rosas, inicialmente pertenecían a la jurisdicción de la Alcaldía Mayor de la Villa de Nuestra Señora de la Purísima Concepción de Zalaya. A fines del siglo XVI o principios del XVII, españoles que radicaban en la actual Celaya, establecieron los primeros asentamientos coloniales en territorio santacrucense: las haciendas. Centros agrícolas y ganaderos, con una casa grande y extensas áreas para sembrar y el pasteo de animales, las haciendas eran propiedades de españoles quienes, en su mayoría, radicaban en la capital de la Nueva España o en otras ciudades de la provincia; los encargados de vigilar las tareas propias de estos asentamientos eran los mayordomos y los encargados de trabajarlas, los indígenas.

¿Cuales fueron las primeras haciendas en lo que sería Santa Cruz de Comontuoso, actualmente municipio de Santa Cruz de Juventino Rosas y cuando se establecieron? La anterior pregunta es difícil de responder. Hay diferentes versiones respecto al tema pero, la mayoría sin sustento documental. Hay quienes afirman que las primeras haciendas fueron: Comontuoso, Santa Crucita, San Antonio y Los Llanos. Otros consideran que entre las más antiguas se encontraban también: Valencia, Romerillo y El Tecolote.

Sin embargo, documentos que apoyan esta investigación, dan fe de que en el siglo XVII existían los siguientes asentamientos y algunos de sus propietarios: en 1631, don Cristóbal Cano y Molina, propietario de la hacienda de Comontuoso, vende medio sitio de caballería de tierra para estancia de ganado mayor a don Baltasar Centeno, en estos terrenos adquiridos, surgiría el poblado de Rincón de Centeno, actualmente localidad del municipio de Santa Cruz de Juventino Rosas, el poblado más antiguo; en 1666, nuevamente don Cristóbal Cano y Molina, propietario de la hacienda de Comontuoso, vende al indígena don Diego Martín, un rancho que ya venía ocupando, de 3 caballerías de tierra, de este predio surgiría Santiago de Cuendá, localidad del hoy municipio de Santa Cruz de Juventino Rosas; entre 1668 y 1669, don Gaspar Salvago vende a don Diego De la Cruz Saravia, la hacienda de Los Llanos; en 1680, don Agustín de Valdés y Portugal vende la hacienda de Valencia a don Andrés Fernández Gil; y, en otro documento de la época se asienta que, en 1680, ya estaban establecidas las haciendas Romerillo y El Tecolote, de esta última, su propietario era don Nicolás García De León. Al crearse estos asentamientos, los otomíes que habitaban este territorio perdieron su libertad y sus comunidades y pasaron a ser peones de las haciendas y a vivir en sus contornos.

Hacienda de Comontuoso

Sin duda alguna, el asentamiento más importante y quizá, el más antiguo, de la época de la colonia, en el ahora municipio de Santa Cruz de Juventino Rosas, lo fue la hacienda de Comontuoso, en cuyos terrenos se fundó. Se dice que su primer propietario fue don Juan Antonio De Montuoso, y que, se estableció en 1590; otra versión indica que, la primera propietaria fue doña Antonia Ruvalcaba de Bulnes; Sin embargo, ambas opiniones carecen de soporte documental. Los documentos consultados en esta investigación, asientan que, uno de los primeros dueños de la hacienda, sin precisar si fue el primero, lo fue don Agustín De Valdés y Portugal y posteriormente, don Cristóbal Cano y Molina y sus herederos.

Como quedó establecido, los otomíes, con la creación de las haciendas perdieron su libertad y sus comunidades, al convertirse en peones y vivir en las cercanías de las mismas; sin embargo, con el paso del tiempo, algunos indígenas que le mostraban lealtad al hacendado y que, se ganaban la confianza de éste, empezaron a “ranchear” parcelas, o sea rentar, para trabajarlas por su cuenta, pagando por ello cierta cantidad en dinero o en especie, con los productos de las cosechas. Así, los naturales del lugar que “rancheaban” algunas parcelas, comenzaron a construir sus viviendas al pie de las parcelas que rentaban, por lo que, los asentamientos en terrenos de las haciendas comenzaron a proliferar, ya no necesariamente alrededor de los cascos de las mismas. Esto sucedió también en Comontuoso.

Rincón de Centeno

Como ya se mencionó, la actual localidad de Rincón de Centeno, en el municipio de Santa Cruz de Juventino Rosas, es la población más antigua. Don Cristóbal Cano y Molina, español, vecino de Celaya, en donde llegó a ser alcalde mayor y propietario de la hacienda de Comontuoso, en el año de 1631 vende a don Baltasar Centeno, natural de estos lares, medio sitio de caballería para estancia de ganado.

En estos terrenos, los descendientes de don Baltasar Centeno establecieron el poblado que ahora se denomina Rincón de Centeno.

Santiago de Cuenda

En 1666, don Cristóbal Cano y Molina, propietario de la hacienda de Comontuoso, vendió al nativo Diego Martín, que había sido su trabajador, un rancho que ya venia rentando el indígena, al sur de la hacienda, de tres caballerías de tierra en 560 pesos oro; como quedó asentado en la escritura de fecha 17 de septiembre de 1666, pasada ante la fe del escribano real Andrés Pacheco, de la jurisdicción de Celaya.

Tiempo después, en 1680, don Juan Cano de Tovar y don Miguel Cano de Tovar, descendientes de don Cristóbal Cano y Molina, el 29 de septiembre venden un cuarto de caballería de terreno de la hacienda de Comontuoso, a los descendientes de Diego Martín: Baltasar, Martín, José, Felipe y Santiago, todos de apellido Martín, en la cantidad de 40 pesos oro; lo anterior, consta en escritura de la fecha, pasada ante la fe de los escribanos reales José de Haro y José Estrada, de la jurisdicción de Celaya.

El terreno que en 1666 fue comprado por Diego Martín y el adquirido por sus descendientes en 1680, en conjunto, en adelante sería conocido como Santiaguillo de Cuendá, actualmente Santiago de Cuendá, localidad del municipio de Santa Cruz de Juventino Rosas.

Necesidad de pueblos Doctrina

Las haciendas de: Comontuoso, en el actual Santa Cruz de Juventino Rosas; El Guaje, en el ahora Villagrán: Los Amoles, en el hoy Cortazar; y, El Rincón, en la actual localidad de Rincón de Tamayo, municipio de Celaya; durante el siglo XVII, habían prosperado enormemente y ocupaban gran cantidad de indios otomíes para trabajar sus tierras.

Los nativos, habían abandonado sus comunidades originales y vivían en las periferias de las haciendas; pero, quienes rentaban o ya habían comprado algunas caballerías de tierra, radicaban independientemente a la orilla de las parcelas, situación que proliferó y así se fueron conformando pequeñas congregaciones de indios otomíes.

En El Guaje y en Los Amoles, a fines del siglo XVII ya se habían establecido poblaciones más en forma, mientras que en Comontuoso y El Rincón, seguían siendo caseríos dispersos, al pie de las parcelas. Sin embargo, el número de naturales catequizados había aumentado considerablemente en estos parajes y los nuevos cristianos no contaban con los servicios religiosos indispensables, por lo que, tenían que acudir hasta Celaya para recibirlos, con todos los inconvenientes que implicaba este viaje, pues todavía no existían caminos adecuados, ni medios de transporte y se transitaba por lugares inseguros; un enfermo de gravedad, si se le llevaba a Celaya a recibir la extremaunción, era probable que muriera en el trayecto. Era necesario pues, fundar en estos lares pueblos-doctrina que tuvieran su propia parroquia.

Trámites de Pueblos Hermanos

Fue así que, entre 1702 y 1711, período en que gobernó don Francisco Fernández De la Cueva Enríquez, décimo duque de Alburquerque, 34º virrey de la Nueva España; presionados por frailes que moraban por esos lugares, los nativos que rentaban tierras de las haciendas de Comontuoso, El Guaje, Los Amoles y El Rincón, tramitaron que se efectuaran fundaciones de pueblos-doctrina, en terrenos de dichas haciendas, a fin de contar con sus propias parroquias. Los trámites se iniciaron pues, probablemente, en la primera década del siglo XVIII, ante el virrey mencionado, a efecto de fundar dichos pueblos, aunque se insiste que, mientras en El Guaje y en Los Amoles ya habían pueblos formados, en Comontuoso y en El Rincón, aún no, sino caseríos dispersos. En ese entonces, los propietarios de las haciendas eran: doña Margarita Cano, de Comontuoso; el capitán don Manuel De la Cruz Saravia, de El Guaje; el capitán don Agustín de Osio y Ocampo, de Los Amoles; y, don Antonio de Tamayo, de El Rincón.

Evidentemente, los propietarios de las haciendas se oponían a las fundaciones, pues perderían parte de sus tierras y las rentas que les aportaban quienes les “rancheaban” parcelas. Sin embargo, presionadas por los naturales y los religiosos, las autoridades virreinales se impusieron y continuaron los trámites de las fundaciones. El 15 de enero de 1711, don Francisco Fernández De la Cueva Enríquez deja el cargo y es sustituido por don Fernando De Alencastre Noroña y Silva, duque de Linares y marqués de Valdefuentes, 35º virrey de la Nueva España, que gobernó hasta 1716. El 3 de noviembre de 1711, las autoridades virreinales giraron un despacho al alcalde mayor de Celaya, para reconocer los parajes solicitados, pero el alcalde, que tenía compromisos con los hacendados, no acudió a reconocer los lugares que se pudieran afectar y le dio largas al asunto. El 9 de febrero de 1713, un decreto virreinal comisionó al licenciado don Francisco Eguía, abogado de la Real Audiencia, en la jurisdicción de Celaya, para ejecutar trabajos relativos a las fundaciones solicitadas, que no se realizaron. Los naturales de los pueblos que pretendían las fundaciones, se quejaron ante el virrey don Fernando De Alencastre de que, el alcalde mayor de la villa de Celaya no aceptaba la división de las tierras, pues estaba en contubernio con los hacendados afectados y no asistía a dichas tierras a dar fe de ojos. En el año de 1716, don Fernando De Alencastre Noroña y Silva, cede el cargo a don Baltasar De Zúñiga Guzmán Sotomayor y Mendoza, marqués de Valero y duque de Arión, 36º virrey de la Nueva España, que gobernó hasta 1722. El 9 de enero de 1717, los nativos de los poblados solicitantes de la jurisdicción de Celaya, enviaron un escrito al nuevo virrey solicitando que ordenara al obispo de Michoacán, que erigiera parroquias en dichos lugares. De tal forma, el virrey don Baltasar De Zúñiga ordenó al obispo de la provincia michoacana, dar providencias para la ejecución de parroquias y mandar a sus vicarios a colocar las primeras piedras y erigir sus capillas y así, poder atender a los naturales en sus necesidades religiosas. Asimismo, los pobladores solicitan al virrey que, sea el alcalde mayor de la Villa de León, quien se constituya en veedor del trazado de los pueblos-doctrina.

El 12 de junio de 1717, el virrey ordena al alcalde mayor de León que acuda a la jurisdicción de Celaya, a ejecutar diligencias y hacer un reconocimiento. A su vez, el alcalde mayor de León ordena a su teniente general de partido, don José De Villa y Urrutia para que, oficialmente, haga la división de tierras, llamando a los propietarios de las haciendas afectadas; y así, puedan quedar repartidas las tierras de Comontuoso, El Guaje, Los Amoles y El Rincón. El 21 de septiembre de 1717, al pie de la Sierra de Codornices, parte de la Sierra Central del actual estado de Guanajuato; previa notificación a la propietaria, don José De Villa y Urrutia se constituyó en el centro de los terrenos afectados a la hacienda de Comontuoso y así, a los indios arrendatarios de dicha hacienda, que vivían dispersos, le asignó a cada jefe de familia de estos, un solar, correspondiente a una manzana y se dejaron dos solares reservados, uno para la casa curial y otro para la casa de gobierno; el terreno desmontado restante, se asignó como tierras comunales. Así se convirtió en una auténtica congregación de indios otomíes.

Al nuevo poblado se le adjudicaron 600 varas para cada punto cardinal, partiendo del centro, haciendo los señalamientos limítrofes con cruces de cantera, conocidas como las cruces de los cuatro vientos, como se acostumbraba en esa época. Así, la cruz de cantera del centro del poblado se ubicó en el actual atrio de la parroquia, en donde ahora precisamente se encuentra un monumento, con una cruz en su cúspide, también de cantera, que conmemora el origen del poblado; la cruz del norte, se ubicó en donde actualmente se encuentra la esquina de las calles 5 de mayo y Albino García; la cruz del oriente, en la esquina que forman las hoy calles Netzahualcóyotl y Corregidora; la cruz del sur, en la esquina de las ahora calles 16 de septiembre y Manuel M. Moreno; y, la cruz del poniente, en la esquina actual de las calles 1° de mayo y Benito Juárez. Un procedimiento similar se realizó en El Rincón, al igual que en El Guaje y en Los Amoles, aunque en estos dos últimos lugares con algunas variantes, pues como se ha precisado, en estos terrenos ya había poblados. El 15 de diciembre de 1717, el teniente general don José De Villa y Urrutia rinde su informe al virrey. El 9 de julio de 1718, el virrey ordena ejecución y colocar las primeras piedras de cuatro parroquias, una para cada grupo solicitante y la veneración de sus santos titulares, naciendo así, estos pueblos hermanos.

La Fundación de Santa Cruz de Comontuoso

El 9 de octubre de 1718, el 36º virrey de la Nueva España, don Baltasar de Zúñiga Guzmán Sotomayor y Mendoza, marqués de Valero y duque de Arión, otorga la cédula virreinal que concede licencia a los naturales de los parajes expresados, de la jurisdicción de Celaya, para la fundación de pueblos-doctrina, pueblos de indios, elevando así a las ya vicarías de Comontuoso, El Guaje, Los Amoles y El Rincón, a la categoría de pueblos.

Conociéndose en adelante estos pueblos hermanos, con los nombres que les fueron otorgados por el virrey en la propia cédula, en base a los santos titulares y patronos de la casa grande de sus haciendas. La santa titular y patrona de la hacienda de Comontuoso, lo era la Santa Cruz; la santa titular y patrona de El Guaje, era la Purísima Concepción; el santo titular y patrono de Los Amoles, lo era San José; y, el santo titular y patrono de El Rincón, era San Bartolomé. Por tal razón, los nombres decretados por el virrey fueron: Santa Cruz de Comontuoso (Santa Cruz de Juventino Rosas), Purísima Concepción del Guaje (Villagrán), San José de los Amoles (Cortazar) y San Bartolomé del Rincón (Rincón de Tamayo, municipio de Celaya).

Inmediatamente, hubo vicarios interinos en los cuatro nuevos pueblos, correspondiendo a don Miguel de Guevara, serlo en Santa Cruz de Comontuoso. En 1719, comenzó a haber servicio eclesiástico en forma y el nombramiento de un vicario fijo, siendo don José Bravo, el primero en Santa Cruz de Comontuoso. El 11 de enero de 1721, el virrey expidió un decreto u ordenanza, en el que, se nombraban a las personas que habrían de ocupar los cargos del cabildo, en los cuatro pueblos, escogiendo a caciques, naturales de mayor jerarquía; siendo elegido don Antonio Rico, como primer alcalde de Santa Cruz de Comontuoso.

Fue hasta el domingo 3 de mayo de 1721, día de la Santa Cruz, cuando se ejecutó oficialmente la fundación con categoría de pueblo, de Santa Cruz de Comontuoso, vicaría de San Juan de la Vega, perteneciente al departamento de Celaya; cuando por primera vez, se bendijo y se elevó el santísimo sacramento al altar de la parroquia que sustituyó a la capilla original.

El lunes 4 de mayo, se ejecutó la fundación de Purísima Concepción del Guaje; el martes 5 de mayo, la de San José de los Amoles; y, el sábado 16 de mayo, la de San Bartolomé del Rincón.

El 14 de septiembre de 1723, las autoridades eclesiásticas bendijeron el primer templo que sustituyó a la capilla original en Santa Cruz de Comontuoso.

Administrativamente, los cuatro nuevos pueblos, pertenecían al departamento de Celaya; y eclesiásticamente, al curato de San Juan de la Vega, que se integraba con: San Juan de la Vega, como sede del curato y las vicarías de Santa Cruz de Comontuoso, Purísima Concepción del Guaje, San José de los Amoles, San Bartolomé del Rincón, San Miguel de Octopan y Neutla.

(Texto e investigación: Víctor Manuel García Flores).